Una corta historia de sexo, depravación y asesinatos.
Me levante temprano como de costumbre. El sol no sale aun, y solo escucho el neon del letrero que esta al frente de mi ventana. Me tomo una ducha rápida y me cambio para ir a la escuela. Salgo a tomar el elevador y veo que una de mis vecinas de piso me saluda, a mala gana le devuelvo el gesto disimulando mi desinterés.
Hoy hace bastante calor, y el tren, como de costumbre, esta totalmente lleno, lo que aumenta aun más el calor. Siempre entre los pasajeros ahí algún viejo verde que te toca el culo, los pechos o mete su mano en tu entrepierna y se hacia su gustos profanos. Hoy, ese pasajero estaba detrás mío, y yo, mientras sentía sus manos empecé a mover las mías entre la multitud de personas que era el vagón. Y así, una de mis manos sostenía el bolso que llevaba al colegio, la otra estaba sobre las venas que bombeaban la erección del viejo. El no se lo podía creer, yo solo me reía en mis adentros sabiendo lo que iba a suceder.
Mi viaje pasó y me baje en la parada que me correspondía. El viejo estaba totalmente blanco. Murió de un paro cardiaco después de unos minutos.
El edificio escolar no se diferenciaba de ningún otro. Subí las escaleras y atravesé la puerta de mi salón de clases y me senté en mi pupitre. Los ojos de ellas me miraban con envidia, ellos con deseo. Las horas pasaban tras otras. En momentos leía libros fingiendo interés, en otros hablaba con otras muchachas fingiendo amistad, y ellas lo sabían, pero no les importaba. Hoy teníamos clase de deportes. Entre vistazos rápidos, los muchachos buscaban ver a través de mí. Las otras chicas que estaban conmigo lo sabias y se cruzaban en su vista para ver si podían ligar algo con los muchachos. Me retire un poco mas tarde de lo habitual, tenía un par de cosas que arreglar. Justo estaba saliendo cuando sentí que algo me agarraba la boca y me adentraba en la oscuridad de un edificio semi-vació.
Minutos más tarde, tenía mi boca amordazada junto con mis manos y mis ojos vendados con un par de toallas. Apenas podía llegar a respirar. No supe quien me agarro, ni que era lo que quería, pero todas mis dudas fueron contestadas cuado unas manos se deslizaron a través de mi uniforme y comenzaron a bajarme las bragas con rapidez. Eso no. Un algo comenzó a entrar por detrás mío con lentitud para luego buscar confianza y darle mas velocidad. Solo pude escuchar una voz que entre jadeos decía "Yukino era virgen Yukino ERA virgen". Era. Entre gemidos involuntarios de mi parte, pensé que era uno solo, pero descubrí que me equivoque cuando sentí algo que me mojaba la mejilla y que allí se quedaba. Asco. Unas manos comenzaron a tocarme frenéticamente los pechos, y mientras uno acababa en mi, otro le remplazaba inmediatamente en su labor. Me dolía, y mucho, pero el dolor es placer . Nunca paraban, nunca parecían estar flácidas. Acaso eran tres, cuatro, cinco… no podía seguir una cuenta en como estaba. Empastillados. Uno tras otro. Dos horas. Dolía.
Al final, cuando parecía que ya estaban cansados de violarme, me sacaron el vendaje de mi cara y así pude ver sus rostros. Cuatro. Rostros acompañados de amenazas que no puedo recordar, pero que me dieron para burla en ese momento.
Me abandonaron entre sombras mientras se iban contando las glorias de su machismo. Yo solo fui a buscar mi ropa interior, ahora toda amarilla, y luego de de haberme limpiado un poco con lo que pude, me aleje a duras penas del lugar. En el tren a mi casa me alegre que hoy no fuera ese día. Mi boca estaba abierta y mis piernas no se podían abrir del dolor, pero yo me reía y sentía el deseo de mi satisfacción futura.
Llegue a mi departamento a oscuras. Una ducha rápida, algo de comida y acostarme a dormir.
Hoy es el día que sigue a ayer. Es la misma hora de levantarme y el cartel de neon aun despide ese molesto zumbido. El sol no ha salido mientras me doy una ducha rápida y me cambio para ir a la escuela. Mientras salgo para bajar a la calle la vecina de piso pregunta por mi padre. "Esta de viaje" contesto al tocar e botón de la planta baja.
El tren esta igual que siempre, pero hoy no ahí viejos verdes detrás mío. Me parece bien, hoy no estoy con humor para esos juegos.
En el colegio todo era normal. Los libros de siempre. Las charlas de siempre. Todo lo de costumbre excepto por cinco pupitres vacíos en la división. A nadie le importaba. Solo me dedique a fingir interés y amistad como todos los días.
A la salida, mientras la campaña sonaba, junte mi mochila de estos días y tome el auto negro que me solía estar esperando. Lo subordinados que viajaban conmigo sabían que no me podían tocar, pero aun así no se ahorraban en decirme palabras insinuantes, a las que solo respondía con silencio. Cuando llegamos, me baje y crucé a los guardias de la puerta. Antes me registraban todo lo que llevaba. Solía llevar coca y otras cosas en la mochila, no era para mi (no me sirve para el trabajo), sino para que ellos confiaran en mi. Ahora solo me miraron con una sonrisa entre dientes y me abrieron la puerta. Camine pasillos con mi mochila de color roza y con estampado de un personaje de un anime que no reconozco. Para mi son todos iguales.
Llegue ante la habitación del jefe del lugar. Como de costumbre me esperaba desnudo en su cama tendido arriba. Supongo que para el la pedofilia era un placer, como a tantos. Camine a su lado y juguetee un poco con mis dedos mientras dejaba mi mochila al lado del baño y sacaba un profiláctico de ella. Movía mis piernas de un lado a otro mientras dejaba caer mis bragas y con mis manos tocaba el miembro del viejo para hacer que le entrara el globo. "Mi Yukino" decía el con una sonrisa en su rostro. Después comencé a subir a bajar sobre su cintura, manchándola con un poco de sangre que salía de mí. Toya (el jefe) decía cosas como "mi virgen eterna" a las paredes, sabia que yo no le respondía. Después de un rato se canso de cómo estaba y se puso sobre mí para poder realizar el movimiento repetitivo.
Bruscamente se separo de mí y me agarro la cara con furia. Sus uñas se clavaban en mis pómulos para que tuviera mi boca abierta y así eyacular contra mi. Por suerte solo fue a caer en mi ropa. El decía maldiciones acerca de su edad mientras se tiraba en la cama cansado de follar. Yo en silencio me fui al baño con mi mochila en mano.
Cuando llegue al baño, limpie los restos de orina blanco de mi ropa con una toalla que encontré. Luego baje mis dedos y me los pase por debajo para luego llevarlos a mi boca. "sabe rico" pensé. Luego, me saque toda a ropa y la deje a un lado. Y con mi cuerpo desnudo en el baño de un yakuza comencé a cambiar. Cambiar a mi verdadero yo.
Así, mientras mis músculos crecían junto con mis huesos, recordé al primero. Con sus testículos estallados y con un agujero en su cabeza al lado de mi sombra.
Así, mientras órganos se organizaban a la nueva estructura, recordé al segundo. Con su cara de satisfacción y de terror mientras le encontré haciéndose la paja. El solo pudo ver con una mueca como yo tiraba del gatillo.
Así, mientras óvulos, vagina y clítoris daban paso a testículos, pene y escroto, recordé al tercero. Estaba viendo en su computadora fotos y videos de niñitas de ocho años siendo violadas por adultas. El reflejo de unos ojos negros como la muerte se cruzó en su monitor. Fue lo último que vio.
Así, mientras piel y pelos se reconfiguraban a una nueva fisonomía, recordé al ultimo. Junto con su novia, una joven de la misma división. Ella me vio. Los uní a los dos en la misma muerte.
Y así, mientras cambiaba y me convertía en que verdaderamente soy, recordé la muerte de cada uno de esos bastardos. Recordé la satisfacción que me cobre con mi venganza.
Sin compasión. Los ángeles no la tenemos.
Me cambie mis nuevas ropas y guarde las de Yukino en su mochila.
El jefe estaba en la cama cansado y con un fajo de billetes en su mano. Esperaba a su nenita. La pequeña Yukino de quince años con su pelo corto y su uniforme de colegiala. La niña que por mas veces que el la follara siempre seria virgen. Y a el le gustaba eso y le pagaba. Pero cuando la puerta del baño se abrió, el solo pudo ver a un joven de unos veintitantos años morocho y con el pelo pegado a su cuero apuntándole con una pistola. "Usted ya ha vivido su vida" eso fue lo ultimo que escucho antes de sentir la bala entrar por su frente.
Luego de que termine el trabajo, salí, y todos aquellos guardias que me encontré fueron abono para gusanos. Ahora estoy en un pub al otro lado de Tokio. A mi lado tengo una puta de unos dieciocho años. Al frente mío un hombre me da un maletín con dinero mientras pone una gran sonrisa en tu boca.
Te inventan una vida y te pagan. Te dan un objetivo y lo eliminas. Te desapareces y te pagan. Ajustes personales de mujeres o solo accidentes. Siempre estoque profesional.
El sol ya salio y aun estoy en la cama. La joven aun duerme. Estaba agotada, yo también. Una ducha rápida y ella, con ojos lagañosos y aun dormidos, no puede creer lo que esta viendo salir por la puerta. Decido no matarla, no ahí necesidad.
El aeropuerto esta lleno de yakusas esperando a una joven de unos quince años con el pelo corto o a un extranjero de unos veintitantos años con el pelo pagado al cuero. Nadie sospecha de la rubia de pechos grandes que pasa al frente suyo.
Ahora viajo a alguna parte del mundo. El trabajo es bueno en estos días y siempre me mantengo ocupado. Pienso en que quizás me deba de tomar algunas vacaciones.
1 comentario:
WAHHH!!! historia bien rara. Pero te quedo bien bkna.
Agregá algunos cuentos de los que tenés en DeviantArt ... que está muy buenos. ;)
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