Antes que nada debo aclarar que por cuestiones de tiempo esto se dividira en tres partes. Podriamos decir que es un arco argumental y que es el primero en que nos acercara a la verdadera trama de la historia. Espero que los disfruten y que queden preguntas en su cabeza.
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Juegos nocturnos
Sentado en la azotea de mi edificio veo la ciudad con sus luces y oscuridades por la noche. Huelo el aire y las noticias que me trae. Ya me es una costumbre venir y sentarme a ver que sucre y tener una botella de algo de alcohol.
Siento que algo se esta moviendo entre las sombras, algo malo, pero no se bien lo que es. Agarro una pecunia botella de vidrio llena de cerveza y bebo unos tragos. Alguien viene.
Me paro y dejo de mirar la ciudad para darme la vuelta y ver a este tipo de negro que estaba detrás de mí. Me rió un poco y le apunto con la botella.
-Que clase de sorpresa quieres dar cuando te vengo oliendo desde hace tres cuadras atrás. Que porquería de vampiros son estos. Bueno, esta bien deja que me divierta un poco – le dije con una voz totalmente tranquila.
El vampiro mostró una mueca de desagrado en su rostro y se abalanzó sobre mí con sus fauces bien abiertas. Muy lento, demasiado determinado en respecto a su forma de atacarme, no durara más de tres minutos. Un par de fintas y pasos en falso para darle confianza y esperar un error suyo. Luego, dos puñetazos en el hígado para atontarlo un poco. Finalmente, un gancho para tirarlo al suelo y una patada descendente para explotarle el cráneo.
-Supongo que con eso ya estarás totalmente muerto-
Mientras bajo por las escaleras a mi departamento el viento se arrastra los trozos de ceniza del techo como si fueran hojas en otoño. Al entrar en mi habitación dejo la botella en el escritorio y me empiezo a cambiar la ropa. Me probé un juego de traje que había utilizado una vez para una entrevista laboral. Nunca más lo volví a usar, pero parece que esta noche el estilo formal me viene bien. Ceno algo rápido y me termino mi botella de cerveza. Ahora estoy bajando para salir a la calle, saliendo a hacer mi trabajo del que nadie me paga.
Es verano y afuera hace un calor de los mil demonios. Me lamento de la ropa que elegí. ¿Por qué nunca algo mas simple como una remera y unos pantalones cortos? No me importa, mejor sigo por a donde iba, mejor me voy a visitar al jefe.
El tiene sus oficinas por debajo de la tierra como todo buen vampiro, pero con los años todo lo que estaba alrededor se fue disfrazando de alcohol, fiesta, sexo y drogas. Lleno de vampiros y algunos que no lo son pero no por mucho tiempo. Guardias por todos lados y el mismo, que es uno bastardos más viejos de entre los vampiros. Para poder llegar a su oficina antes se debe de entrar al pub, uno muy estricto en cuanto a sus reglas si es que nos entendemos.
La gran puerta de acero suena en las afueras del pub aplacado por el fuerte sonido de la música a todo volumen. El acero cede ante mi pie y logro entrar a donde las luces de colores giran en todos sentidos al compás de la música. Dos tipos vestidos con remeras negras y con sus mandíbulas rotas a puñetazos se agarran a mis brazos mientras yo los voy arrastrando. Todos los invitados a la fiesta nos ven y en sus rostros la maldad empieza a surgir junto con los colmillos en sus bocas. Se para de sus asientos o dejan de bailar para acercarse a mí.
Uno de ellos salto y yo empecé a girar con los dos guardias sujetos a mis brazos. Solté al primero que fue a dar contra el que había saltado y luego al otro que se estrello contra una pareja al fondo que permanecía a la espera de los hechos. Luego de que hubiera echo eso, todos los demás comenzaros a atacarme con zarpazos y mordidas. Trataba de evadirlos todos y siempre que podía le pegaba algún puñetazo con el que los mandaba a volar. Creo que eran unos cincuenta y cuatro los que yo conté. El problema esta en que no los puedo matar, solos les daño un poco, se levantan casi inmediatamente. Era hora de cambiar de tácticas.
-¡Moscas molestas! ¡Generalmente desapruebo el uso de la violencia y menos el de las armas, pero ustedes, porquerías, no me dejan otra opción!- grite mientras repartía golpes a diestra y siniestra.
Metí mis manos entre el traje y en la mano derecha ya tenia calzada una nudillera de plata cos inscripciones runicas, y en la izquierda portaba una daga del mismo elemento pero con inscripciones en algún otro idioma antiguo. Ahora a cada golpe mío, se iban deformando cayendo instantáneamente. Alrededor mío se iban juntando sus cuerpos agonizantes en ceniza. La daga cruzaba arcos por donde se podía cortar la oscuridad y ver un hilo de la luz del día. La nudillera tenias las inscripciones de invocaron para el dios del sol y el de la justicia, cada golpe repartía sus bendiciones, el fin del mal.
Al final quede solo, entre un cúmulo negro de lo que alguna ves fueron cuerpos humanos. Guarde mis armas donde estaban antes y seguí caminando por entre en un pasillo iluminado con tubos de neon celeste. Al final del pasillo un sujeto pelado lleno de tatuajes esperaba frente a una puerta mirándome.
-Bonito traje. Tu rostro me es familiar. ¿No serás el hermano del Jefe?- le dije a las distancia mientras me iba acercando.
-No, soy su clon con alteraciones genéticas lo cual me aumenta mi capacidad de pelea en un 400%- me respondió.
-Eso es nuevo. Pero hubiera sido mucho más rápido que hayas dicho que eras un mestizo, maldito clon del bastardo-.
Empezamos a pelear. Los dos en casi el mismo estilo de pelea. Sus movimientos eran mucho más rápidos que lo normal pero aun no pudo tocarme ni una sola vez. Cuando yo le devolvía los ataques los esquivaba pero un par de veces le pude asestar un golpe que le tiraban hacia atrás. Confiado como estaba cometí un error y el me pudo golpear la cara con un gancho ascendente. La sangre comenzó a brotar de mis labios en un pequeño hilo carmesí.
-OH no, esta no te la voy a perdonar- le dije con acento irónico mientras mi mano entraba por dentro de su rostro en una velocidad increíble y salía por el otro lado –y encima que me ensucias mi saco con tu asquerosa sangre.
Abrí la puerta a la oficina del Jefe mientras pisaba el charco de sangre que había causado el mestizo. Allí estaba el con una gran bazooka en sus mano y un cigarro en su boca.
-Hola caído. Nunca nos habíamos presentado. Permíteme, me llaman el Jefe Arcanne. Y tu debes de ser Aterlex según me han dicho mis informantes- me dijo el mientras balanceaba el cigarrillo en su boca y me apuntaba con el arma a mi rostro.
-Pues te han informado mal. Hace dieciocho años que deje de ser Aterlex, y mi nombre no te interesa en lo más mínimo-.
En ese momento sentí detrás mío como el aire se desplaza al paso de unos proyectiles. Me di vuelta rápidamente y pude agarrar dos pequeñísimos dardos.
-¿Creíste que me ibas a poder detener con dos miserables dardos con tranquilizante?- le pregunte al Jefe mostrándole lo que había agarrado.
-No con dos, si no con tres- me respondió.
En ese momento pude notar algo en mi mano. Pequeño, casi invisible, allí estaba. La cabeza me comenzó a dar vueltas y me vi envuelto en la negrura del sueño, no sin antes sentir un fuerte golpe en mi nuca.
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