sábado, 9 de diciembre de 2006

Maquinaria Silenciosa - Segunda Parte

Pido Santuario

Me despertó la luz del día, el sonido de las oraciones y el chocar del martillo contra el metal que vino acompañado con el dolor de sentir un gran clavo perforándote la muñeca izquierda. Trate de gritar lo mas fuerte que pude, pero mi boca estaba amordazada. Mis ojos aun no se acostumbraban a la luz que me irradiaba el rostro, solo pude escuchar otro nuevo martillazo y como mi carne cedía ante el filoso metal. Una mano me toco la mejilla del rostro y una silueta oculto la luz. Pude ver una barba de días y una cruz de los cristianos en su cuello. Ojos azules y arrugas de años acompañaban su sotana negra como la noche.

-Hijo del Creador, duerme tranquilo que aquí nadie te hará daño.- me dijo.

El religioso me inyecto algo en el cuello con una fina aguja y el sueño me inundo de nuevo aplacando el dolor de mi muñeca.

Nos se cuanto abre dormido. Entre sueños pude a ver un gran campo lleno de sangre y destrucción, los planetas sobre el cielo chocaban y se destruían entre ellos. Luego desperté, y cuando desperté la luz de un foco iluminaba la pequeña sala que no pude ver anteriormente. Yo estaba colgado y cuando intente moverme pude comprobar que no podía hacerlo. Ambas muñecas mis desplegadas a los costados y ambos pies míos estaban clavados con estacas mágica a una cruz, en la posición del profeta de los cristianos. Apoyado contra una pared pude ver una mesa con una botella de vino medio vacía y el mismo hombre barbudo de aquella ves sentado al lado durmiendo. Trate de sacarme de mis clavos pero no podía moverme, no es que me doliera, solo no podía moverme. Trate de gritar aun con el vendaje en mi boca pero solo salían algunos gemidos apagado. Después de un rato el viejo con barba se despertó y me miro, busco entre su sotana y saco una jeringa con algún liquido incoloro dentro. A pesar de que me resistí y moví como pude la aguja se deslizo en mi piel que estaba mas blanda que lo habitual. El sueño se apodero de mi tan pronto como el sedante comenzó a correr por mi sangre.

Esta vez soñé con mi pasado, muchos bosques, unos más oscuros que otros. Muchas mujeres, unas más extrañas que otras. Muchos enemigos de mi yo pasado, algunos mas fuertes que otros. Y soñé conmigo mismo me veía a quien había sido yo, con otro cuerpo, torturando, matando y disfrutando por ello. Algo en sus ojos, lo que una ves fueron míos, mostraba la satisfacción de poder cagar con la muerte en sus manos. ¿Acaso era un monstruo?
Otra vez soñé con alguien de mi pasado pero no de uno muy lejano. Me visitaron mientras dormía como hace siete años. Iguales ante los ojos de los niños, diferentes a la vista del uno con el otro. El Cuco y el Coco, siempre juntos me hablaron de historias viejas y se regocijaban de mi posición actual en el mundo de l vigilia. Me hicieron recordar que ellos fueron los que despertaron el principio de mis memorias pasadas y que con eso casi mueren. Ahora sabían lo que tenían al frente y por eso eran recatados en sus palabras. Yo me puse a charlar con ellos y a discutir lo que me contaban. Luego desperté de entre sueños de narcóticos y nos los volví a ver.
Los otros sueños solo eran pedazos de todo lo que había vagado en mi espíritu y los restos de la mente de mi anterior cuerpo, todo mezclado, que por mas raro que sonara aun permanecía en forma de retazos en mi espíritu.

Cuando despertaba podía escuchar cosas. Algunas veces el sonido de los autos pasar en alguna calle cercana y otras veces el coro de muchachitos cantando sobre mi acompañado de la respuesta inmediata de feligreses. Pude suponer que estaba debajo de alguna iglesia. Las veces que el viejo cura me acompañaba, se dedicaba a tomar vino y a leerme pasajes de la Biblia. Mayormente me leía algunas partes de Apocalipsis y otras del Génesis. Después de un rato, cuando el pensaba que ya había estado despierto demasiado tiempo me inyectaba para dormirme. Debes en cuando me daban de comer algo muy liviano y un vaso de agua, me sacaban la mordaza pero aun así aunque lo intentara no podía sacar palabra de mi boca.

Era la noche de no se que día, ya había perdido el sentido del tiempo, cuando nuevos dolores aterrizaron en mi cuerpo. Un cuchillo venia de aquí para allá sobre mi piel realizando pequeñas cortas. Abrí los ojos y vi al viejo con la daga que suponía en su mano derecha y un libro a su izquierda. La sangre brotaba débilmente de las cortadas de forma extraña que salían de mi cuerpo.

-Tengo que apurarme. Ya vendrá y tengo que terminarlo- me dijo sin mirarme mientras continuaba con su trabajo.

Las cortes comenzaron a ser más rápidas pero no dejaron de perder intensidad. Después de un momento la puerta comenzó a sonar, pero el viejo no se movió. Lo golpes aumentaron en intensidad por un momento y luego se apagaron.

-He terminado y mi tarea con el señor concluida, podré morir en paz- me dijo el religioso mirándome a los ojos.

La puerta se abrió violentamente y en ella entro una mujer completamente vestida de negro. Segundos después el cura caía muerto a mi laso con un cuchillo clavado en su espalda. La mujer me miro a los ojos y aun no puedo decir lo que vi. en su alma. Se me acerco y toco el clavo de los pies.

-He venido a buscarte -me dijo con una voz tranquila y suave. Luego señalo uno de los clavos- te va a doler, será mejor que duermas un poco.

Se agacho junto al cuerpo del viejo y de entre las ropas de él saco la jeringa con el narcótico. ¿Cómo sabia que estaba allí?
Después de eso no recuerdo mas nada. Solo el recuerdo de sus ojos y lo que vi en ellos.

La mano de una mujer me desperté. Abrí los ojos y vestía de blanco y me dijo que estaba en un hospital. Me dijo que me quedara quieto, que era un milagro que estuviera vivo después de la sangre que había perdido y que nadie sabía como me habían dejado en el hospital. Yo tampoco supe que decirle, podía hablar pero no sabia sobre que hacerlo. Las marcas en mis muñecas y pies solo eran unas manchas de piel oscurecida bajo vendaje y las líneas del cuchillo parecían como si nunca hubieran sido marcadas. Nada de ello me extrañaba, nada lo hacia.

Salí un lunes a la mañana de alta, tres semanas después de que hubiera bajado por el ascensor de mi edificio. Ahora le subía y entraba a mi departamento. No preste atención a los papeles amontonados al lado de la puerta, solo me fui a bañar y a notar como una de las dos marcas de nacimiento que tenia en mi espalda había desaparecido.

Esa misma noche, había matado unos sesenta y ocho vampiros de un solo hechizo antiguo con mis herramientas, que aparecieron misteriosamente sobre mi cama. Ahora estaba frente al Jefe Arcanne. Su rostro lleno de golpes y brotando sangre jadeaba.

-¡Dime quien demonios te pago, bastardo hijo de puta!- le gritaba mientras le pegaba una y otra vez.

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Bueno lo tendria q haber escrito al principio. Esta segunda parte me ha dejado muchas mas preguntas de las que tenia en mente. Creo q en la tercera parte y final de ese arco sacare algunas de esas de mi cabeza para dejar en su lugar soluciones.

1 comentario:

Unknown dijo...

Esta requete jevy, sigue asi me parecio muy bien asi como esta espero que lo acabes y que sea un exito!